dilluns, 28 de juliol del 2008

No siempre somos el mejor intérprete de nuestros sentimientos. Los sentimientos crecen, se nutren como un parásito y un día salen a la superficie. Por eso, cuando decimos de alguien que nos conoce, no nos referimos a lo que está a la vista de todos, sino a lo que se halla tan escondido que a menudo pasa inadvertido para nosotros mismos. Cuando así ocurre, y ese alguien lo sabe, es inevitable que represente para él una carga. (...) Tenemos miedo del amor porque conduce a la verdad, y lo que necesitamos para seguir viviendo es la ficción, mentirnos, negar lo que otros ven y nosotros preferimos seguir negándonos.

Marcos Giralt Torrente. Los seres felices