No siempre somos el mejor intérprete de nuestros sentimientos. Los sentimientos crecen, se nutren como un parásito y un día salen a la superficie. Por eso, cuando decimos de alguien que nos conoce, no nos referimos a lo que está a la vista de todos, sino a lo que se halla tan escondido que a menudo pasa inadvertido para nosotros mismos. Cuando así ocurre, y ese alguien lo sabe, es inevitable que represente para él una carga. (...) Tenemos miedo del amor porque conduce a la verdad, y lo que necesitamos para seguir viviendo es la ficción, mentirnos, negar lo que otros ven y nosotros preferimos seguir negándonos.
Marcos Giralt Torrente. Los seres felices
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