
(...) Menos mal que alguien le escuchaba.
Pero ahora él quería más. Mientras conducía por aquella polvorienta carretera desértica en plena tormenta, con el viento del exterior azotando la carrocería del Dodge Durango color plata insistentemente y asfixiándose lentamente con el aire caliente y viciado del interior, no se vislumbraba ninguna salida que indicase el camino de la civilización, ni siquiera en forma de gasolinera, a modo de puesto de avanzada vapuleado por los elementos. Lo único que Eugene tenía en la cabeza era: quiero más de Madeline.
Y mientras él luchaba contra el sopor inducido por su propio bajón, ella dormitaba profundamente, ajena a la tormenta que arreciaba en el exterior. (...)
Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo. Irvine Welsh