y es un sol oscuro.
Mañana de San Juan.
El asfalto reluce como una lengua sucia
y las gotas de lluvia
suenan como mosquitos contra el cristal del coche.
Atravieso la calle,
sólo me cruzo con desconocidos.
Cuántas veces parado en un semáforo,
en la barra de un bar
o en una librería
no habremos coincidido con alguien que más tarde
se convirtió en amigo o tal vez en amor.
Me reflejo en el agua de los charcos.
No me doy por vencido:
También para el dolor existen límites.
Josep M. Rodríguez. Raíz
1 comentari:
Bravo, existen esos límites, un acierto de poema. Por cierto, vaya imágenes...
Un saludo.
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